Vivimos en la aldea global. Desde que el hombre es hombre ha intentado mejorar sus condiciones de vida de las formas más artificiales; y lo ha logrado.
En el siglo XX, las premisas fueron capitalismo y globalización. Es en estos tiempos que comenzamos a vivir sus resultados, que a simple vista parecen fragmentados en sociales y ambientales. Es considerable que van de la mano: la apropiación del espacio natural, las tendencias de mercado, el uso del tiempo, las formas que adquiere la convivencia planetaria (H. Thompson) forman parte de un mismo proceso.
Desde este espacio se abordarán los aspectos relativos a la ecología. Para ello es preciso partir de una definición no limitada que abarque lo planteado anteriormente. Según www.unlu.edu.ar, la ecología es “la disciplina científica que trata las relaciones entre los organismos y su ambiente pasado, presente y futuro. Esas relaciones incluyen las respuestas ecofisiológicas de los individuos, la estructura y dinámica de las poblaciones, la organización biológica de las comunidades, el flujo de energía y materiales en los ecosistemas a diferentes escalas desde la local a la global”.
Desde esta base pueden tratarse distintas problemáticas. Una de ellas es la del deterioro de ese ambiente en el que habitan los seres considerado como un ciclo de acciones-respuestas-acciones. Los hombres con sus actividades alteran los procesos naturales, que a su vez se regeneran y vuelven a ser alterados en un círculo vicioso sin consecuencias previsibles con certeza.
Bien se describe este enunciado en un artículo publicado por una revista web: “Existen muchos problemas ambientales que están enfermando a nuestro planeta. Estos a su vez guardan estrecha relación con otros problemas económicos y sociales. El ser humano se encuentra en constante interrelación con su entorno. Cuando éste le produce algún perjuicio es que se habla de problemas ambientales. Estos pueden provenir directamente de la naturaleza, cuando el hombre se instala en sitios cuyos procesos naturales lo perjudican; o bien tener su origen por causas humanas o antrópicas, es decir, que el hombre interviene en los ciclos naturales generando un daño que, finalmente, se vuelve contra él mismo”. [1]
Presentada esta problemática del deterioro ambiental, podemos afirmar que se producen innumerables consecuencias y se deduce que una vez más el hombre tiende a su autodestrucción llevándose consigo la eliminación de miles de especies naturales. La deforestación, los incendios, la contaminación del ambiente en todas sus variantes, la desertización y demás actividades tienden a la desaparición de especies vegetales y animales originarias de las regiones.
Indirectamente las condiciones de vida van en declive.

Pero no es todo oscuro. Si bien hay procesos irreversibles, es posible detenerlos. La toma de conciencia y las políticas ambientales son una esperanza.
Desde las universidades, ONGs y grupos ambientalistas, se tiende a propagar un espíritu ecologista ya no desde la preservación de las especies animales, sino a partir de la mejora orgánica del mismo ser humano.
A lo largo de este recorrido, se irá profundizando cada punto plasmado y se verá cómo conviven la destrucción indirecta con el intento de concientización.
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[1]http://www.estrucplan.com.ar/Articulos/verarticulo.asp?IDArticulo=1394